Maternidad Agridulce por Jessica

Cuando me mudé a España tenía 28 años y dos gemelos de 4 meses. Vivía en Fuengirola y mi marido, trabajando, estaba poco en casa. No sabía bien el idioma y no conocía a nadie. En mi país había dejado toda mi vida: familia, amistades, trabajo y recuerdos. En España tenía a mi pareja (por pocas horas al día) y dos bebés a los que todavía no entendía y no sabía manejar bien. El cambio no fue fácil, pero el ser madre saca de ti una fuerza que puede con todo. O por lo menos esto es lo que la gente dice…

Tengo una personalidad fuerte y decidida. Estoy acostumbrada a hacerlo todo sola y con buenos resultados”.

Con este mantra en la cabeza me he organizado en el doble cambio de vida: aprender a ser madre en un país que no conocía. Ahora que han pasado 8 años, puedo ver con claridad lo equivocada que estaba…

Me he desenvuelto sin grandes problemas, es verdad, pero inconscientemente he cometido muchos errores por tener que hacerlo todo sola y de la forma más perfecta. Con la obligación mental y moral del “yo puedo” he perdido y sacrificado muchísimo. Lo que en aquellos días parecía ser el normal trabajo de cualquier madre, en realidad era el reflejo de una interpretación equivocada. El ser fuerte y capaz derivaba de la presunta necesidad de tener que serlo y las consecuencias han sido muy caras. No he disfrutado de mis niños y no he vivido la maternidad con placer.

Todo era muy complicado, difícil y tremendamente demoledor. Un trabajo en cadena y sin pausas: gemelo A, gemelo B, papillas, pañales, compras, llantos, biberones, mocos, otitis, pieles atópicas, cremas para brotes, cremas preventivas, esterilizador, carrito ultrapesado, escaleras que subir y bajar, compras que hacer y llevar, comidas que pensar y preparar, calor, sudor, dientes, falta de sueño, vacunas, plancha y… muuuchas complicaciones más hicieron de mis días una agotadora carrera contra el tiempo y las energías físicas y mentales. Todo se agravaba por falta de paciencia, “ganas” y ayuda.
Ese querer hacerlo sola y de la forma más perfecta hicieron de mí una madre histérica que no pudo (o supo) disfrutar de lo más valioso que la vida me estaba dando: el primer año de vida de mis niños.  Lo que he tenido – aparte de mucha tarea – han sido pocos mimos, poco juego y poco contacto.

Los niños se veían felices y sanos, pero no me estaba dando cuenta de que necesitaban más mamá y menos madre.

Hay casos (y no son pocos) en los que la maternidad es diferente a lo que se cree comúnmente. No es ni tan bonita, ni tan fácil. El problema es reconocerlo, asumirlo y decirlo. ‘Madre imperfecta’ parece una definición irreal e injusta y para que no se nos clasifique de este modo, sin pedir ayuda, luchamos contra nuestra misma naturaleza y situación. No deberíamos hacerlo.
Socialmente habría que reconocer y decir en voz alta que la maternidad no es dulce, sino agridulce y que todas las madres, también las que se creen fuertes, felices y capaces, deberían tener siempre algo de ayuda, escucha y apoyo en la inmensidad de tareas del hogar. Esa ansiada ayuda a domicilio a la que poder recurrir cuando te sientes que el cansancio hace mella.

Desafortunadamente yo no tenía cerca ni a la familia, ni a amigos y tampoco conocía el proyecto de apoyo a las familias en la crianza  www.tecuidoatupeque.com Si hubiese podido confiar en personas como Ana, hoy en día tendría más recuerdos bonitos de esos meses tan irrepetibles.  Cada vez son más familias que se encuentran en mi situación Nomads digitales en la provincia de Málaga que al llegar nuevos necesitan estructura social, personas que hagan lo difícil fácil, te presenten a otras familias y así sentirte más en casa al llegar a la provincia de Málaga.